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Rosetta Stone comenzó con el anhelo de un hombre que quería encontrar una mejor forma de aprender un idioma. Allen Stoltzfus comenzó a estudiar ruso en los años 80, pero se frustró debido a su lento progreso. Por fortuna, sabía que la mejor manera de aprender un idioma era a través de una inmersión completa, la cual había experimentado años antes mientras estudiaba en Alemania. El dominio que Allen tenía del alemán era el resultado directo de haber formado parte de la cultura y el mundo de Alemania, en lugar de sentarse en una sala de clases. Se sumergió en el idioma y aprendió a hablar alemán de la misma forma en que había aprendido su primer idioma… de manera natural y sin traducciones.

Y así nació una idea. Allen visualizó el uso de tecnología computarizada para simular la manera en que las personas aprenden su idioma nativo: a través de imágenes y sonidos en contexto, y sin traducciones. Allen acudió a su cuñado, John Fairfield, quien tenía un doctorado en ciencias informáticas, para explorar las posibilidades. A John le encantó la idea, pero él y Allen tuvieron que esperar hasta que la tecnología avanzara con su visión.

Eso ocurrió en 1992, cuando se fundó Fairfield Language Technologies en Harrisonburg, Virginia. Allen, como director y presidente de la empresa, contrató a su hermano, Eugene Stoltzfus, proveniente del mundo de la arquitectura, para que fuera el primer vicepresidente ejecutivo de la empresa. Eugene también aportó con su experiencia en diseño a los componentes estructurales y visuales del programa, que rápidamente pasaron de ser un sueño a ser una realidad.

En otro destello de genialidad, Allen, John y Eugene llamaron a su producto "Rosetta Stone", en honor al artefacto que desbloqueó los secretos de los jeroglíficos egipcios para los lingüistas. El nombre ciertamente es adecuado, ya que el programa de Rosetta Stone desbloquea los secretos de éxito para aprender idiomas de millones de usuarios en todo el mundo.

Allen murió en 2002, sin embargo su legado de logros e innovación sigue inspirando la empresa cada día. Eugene cumplió el rol de presidente y director hasta finales del 2005. Tom Adams fue designado director general en el 2003 y con un liderazgo innovador y su pasión por el aprendizaje de idiomas, Tom llevó a Rosetta Stone a tener presencia global. En el 2006, la empresa se vendió a las firmas de inversionistas ABS Capital Partners y Norwest Equity Partners, y en ese momento fue rebautizada con el nombre de su producto original. La empresa entró a cotizarse en la Bolsa de Valores de Nueva York en abril del 2009 y actualmente proporciona soluciones de aprendizaje de más de 30 idiomas diferentes y en más de 150 países.

Hoy, Rosetta Stone tiene su casa en el impresionante Shenandoah Valley de Virginia y cuenta con oficinas en todo el mundo, incluyendo Londres, Tokio, Seúl y Boulder, Colorado. Para cumplir con las demandas que implica convertirse en una empresa global en crecimiento, nuestras oficinas ejecutivas se encuentran en Washington, D.C.
 

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